LIBRO DE VISITAS

domingo, 6 de enero de 2013

06/01/2013

25/12/2012 23:30 horas.

- Buenas noches. Tenía una reserva.

- Claro, señor.

- ¿A qué hora abren mañana el SPA?

- Mañana está cerrado.

- ¿Cómo? Si hemos reservado la habitación por el SPA.

- ¿Y no le han avisado? Porque los compañeros han avisado a los clientes hace días.

- No.

*miro la reserva*

- Disculpe caballero, pero usted no tiene el SPA reservado.

- ¿Cómo que no? En internet vendían ustedes habitación con SPA incluido y así lo he reservado.
*vuelvo a mirar la reserva*

- En la reserva no aparece así reflejado *se la enseño* ¿Me puede enseñar su copia de la confirmación, por favor?

- Me la he dejado en casa. Además, he venido varias veces al hotel y siempre he cogido el SPA.

Ante esto, miro el ordenador y efectivamente en un cliente habitual, así que no me queda otra opción que pedirle disculpas por lo del SPA y decirle que puede reservarlo otro día sin ningún coste. Podría haberle dicho que reclamara a la agencia, pero seguro que los de la agencia habrían llamado al hotel para que añadiésemos el SPA sin coste.

* * * * * * * * * * * * * * *

04/01/2013 3:00 horas

Llega una pareja al hotel. Alegres. Muy alegres. Van al ascensor. Cuando llegan a la planta superior, se oye el típico murmullo de hablar y reír. Sobre todo reír. Subo para llamarles la atención y pedirles que se vayan a la habitación y me los encuentro tirados en el suelo (y él metiéndole mano a ella). Finalmente el compañero de seguridad y yo tuvimos que ayudarles a llegar a la habitación (que estaba al lado).

lunes, 24 de diciembre de 2012

22/12/12

Hola, ¿qué tal os ha ido el Fin del Mundo? ¿Ha habido extraterrestres o erupciones de volcanes? A mi me ha tocado trabajar la noche antes y después, por lo que me ha pillado la extinción de la Humanidad durmiendo. Pero al menos, me han ocurrido un par de cosas menos "apocalípticas". Os pongo en situación:

Hora: 7:20 de la mañana del 21 de diciembre.

Lugar: Hall-Recepción.

Protagonistas: Recepcionista, camarera y cliente.

Como acabo de indicaros, eran poco antes de las siete y media de la mañana (hora en que da comienzo el desayuno del hotel), y la compañera encargada de los desayunos se acercó a la recepción para... ¡qué narices!, para hablar los dos, ¿pasa algo?

Mientras estábamos en ello, veo bajar por las escaleras del hotel (justo en frente de la recepción, y por las que se accede a los pisos superiores de las habitaciones) a un cliente. Hasta ahí todo normal, ¿verdad? ¡Y si os dijera que el susodicho iba en calzos? Y camiseta. Decoroso y pudoroso el buen hombre, eso sí. Los dos le vemos bajar las escaleras, hasta el piso de abajo (donde tenemos los aseos, el acceso al garaje, la lavandería y las salas de reuniones para los grupos de empresa. Imaginaos la cara que se nos puso cuando le vemos bajar. Sobre todo por las (no)vestimentas. ¿A dónde irá? ¿Al baño? ¿No hay baño en las habitaciones? Eso me preguntó la compañera, medio en broma, medio en serio. Lo mismo el compañero estaba ocupando el baño de la habitación, o no funciona, pero si no funcionara, lo habría dicho en recepción a la que bajaba, ¿no? Cuando iba a ser la hora de abrir el comedor para los desayunos, la compañera se va, pero nos quedamos los dos con la mosca detrás de la oreja por este hombre, así que, si le veía subir, la avisaba con un telefonazo o algo, pero no hizo falta, porque la compañera se asomó por la recepción un momento, el momento justo en que este hombre emergía de las profundidades del hotel y volvía al piso superior donde tenía la habitación, no sin antes comentarnos "que había ido al baño".

Y esta noche (la siguiente), me llaman al teléfono (a la centralita, vamos). Me responde un cliente que acababa de entrar diciendo que no le abría la puerta. Nuestros teléfonos tienen identificador de llamada, por lo que sabemos si nos llaman de una habitación, de un departamento o si es una llamada externa. A mí me salía llamada externa. Vamos, que el hombre, por no acercarse a la recepción, llamó al teléfono desde su móvil. Un vago, vamos. Este hombre prefería gastarse dinero en vez de suela.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

12/12/2012

Buenas a todos!!!

Ya hacía mucho que no actualizaba, pero porque no había nada que contar. Hasta ahora.

Veréis:

Una de las tareas que realizo por la noche, casi al final, cuando ya está todo hecho, es revisar, a diario, los comentarios que realizan los clientes sobre el hotel en un par de páginas web. Y cuál es mi sorpresa al ver un comentario, cuya puntuación final es un notable, con comentarios positivos como que las habitaciones son grandes (una de las cosas que más gustan a nuestros clientes), pero la sorpresa viene ahora, en el comentario negativo. No es del tipo "el desayuno es escaso" o "el agua de la piscina es fría" (como apuntan algunos clientes), sino que este cliente, sin tapujos, nos suelta que "no piensa volver al hotel simplemente porque en las televisión de la habitación no se ve Intereconomía". TÓCATE LOS PIES, TIO CASIMIRO!!! Como melones de Villaconejos. Claro que sí, muy bien. Como esta ciudad está gobernada por "los totalitarios socialistas" todos aquí tenemos prohibido sintonizar canales como Intereconomía, 13TV o Libertad Digital (que son las tres cadenas que comenta el cliente). Siguiendo ese ejemplo, es como si yo dijera que no pienso ir a tal hotel porque no me gusta el color de las cortinas, o no pienso ir a cual hotel porque no me gusta cómo le queda el moño a la recepcionista.

Un poquito de seriedad, señores. Y de por favor.

Bueno, y dicho esto, me voy al fisio a ver si me puede dejar el culo derecho, que se ma quedado tan torcido que se ha vuelto del revés.

lunes, 26 de noviembre de 2012

25-11-2012

Sábado. Doce de la noche. Restaurante abierto. Normal. Pero no por bodas (siendo las fechas que son, es lógico que la gente se case menos), sino por un grupo que cenaba. Juerga. Normal, pero la música de la "disco" no era la que tanto me tenían acostumbrado. No había ni Bisbales, ni Chenoas, ni "modo retro" (ABBAs, Julio Iglesias, Raphaeles). No, lo que sonaba tenía un toque algo más... ¿cómo decirlo?... más agitanado. Y no, no es que pusieran toda la discografía de Pitingo, no. Lo que se oía era flamenco y gitaneo en todo su esplendor. Y el grupo, no era una reunión familiar de algún clan, no. Era un grupo de una reconocida firma nacional que me dejó con el culo torcío al oír la música del "baile" post-cena.

domingo, 7 de octubre de 2012

07/10/2012

Hoy ha sido, sin ninguna duda, ha sido la peor noche de estos cinco años que llevo currando (se cumplieron a finales de septiembre). Porque, ¿sabéis esa sensación de querer reventar cabezas pero no lo hacéis por educación? Pues eso. Os pongo en antecedentes:

Sábado. 4 de la mañana (aproximadamente). Se estaba celebrando una boda, como todos los sábados, y, bueno, a esa hora ya estaban los invitados desalojando el salón donde se estaba llevando a cabo para, unos irse a las habitaciones y otros irse a sus respectivas casas. Lleva un grupo, joven más o menos (rondando la treintena), y les veo que van directos a la puerta del jardín (y, por tanto, de la piscina). Llego hasta ellos y les indico que está cerrado y que no pueden salir. Con la alegría aún en el cuerpo, se ponen a canturrear (auténticos hooligans, oigan!) y les convido a que se callen. "O salen a la calle o se van a las habitaciones". Dos, haciendo la gracia, me pregunta que por cuánto les dejo salir (oídos sordos). Lo malo es que al salir a la calle, se quedan junto a la fuente de la entrada del hotel a armar más barullo. Yo intento, por ENÉSIMA vez, hacerles callar, pero, chica, por un oído les entra.

Finalmente piden unos taxis y se van a seguir la juerga en la ciudad.

Y ahora diríes: "He leído tu blog y no difiere nada de otras anécdotas parecidas". Cierto, es similar a otras ya comentadas anteriormente, salvo porque uno de ellos, cuando les dije que la piscina estaba cerrada (porque iban directos a ella) uno de ellos, aun bajo el poder el alcohol, captó cierta peculiaridad en mi manera de hablar. Pueden reírse de mí todo lo que quieran, me pueden dar una paliza de muerte, pueden insultarme, pero hay dos cosas que no consiento a nadie. Ni a mis padres, ni a mi mejor amigo, ni a mi pareja. Ni siquiera a un famoso al que pueda conocer en persona y quiera hacerse el simpático:

1.- Chistes con mi nombre (que no os pienso decir cuál es, por guardar en anonimato y para que no sigáis vosotros con la gracia).

2.- Burlarse de mi forma de hablar.

Veréis, yo tengo un problema al hablar, concretamente en la pronunciación de la "r" (lo que se llama la "r francesa"). Uno de ellos se dio cuenta al oirme hablar y ya comenzaba "¿Cómo dices que está la piscina? ¿Abierta o cerrada?" Yo, ni caso, pero me estaban entrando unas ganas de reventarle la cabeza contra la pared...

Al final todo se pasó cuando se fueron... y cuando al poco aparecen los novios para pedir la llave de la habitación. El novio pidiendo mil perdones (que estaba en el grupo. ¡Podría haberme echado una mano el buen hombre!) y la novia, al enterarse, igualmente. Yo, con la mejor de mis sonrisas, disculpándoles diciéndoles que no era nada, que peores cosas me habían pasado. Para cambiar de tema, les pregunté qué tal el banquete. "Muy bien. Todo perfecto" "Pues eso es lo importante" Y ellos de nuevo disculpándose y tal.

Pero aquí no acaba la cosa, ya que esta gente ya estaba de vuelta a eso de las seis, eso sí, en grupos de dos o tres y directos a la habitación. Excepto tres de ellos (los últimos en llegar). Fue a eso de las seis y media de la mañana. Me preguntaron la hora del desayuno (empezaba a las ocho) y querían hacer tiempo quedándose en el hall. Por suerte uno de ellos se subió a la habitación y los otros dos tomaron dirección a la escalera... para sentarse. Les digo que no se pueden quedar ahí, sentados, y los graciosos se me quedan de pie. Yo paso de ellos, no voy a seguir diciéndoles que no se pueden quedar en la escalera porque seguro seguirían haciéndose los graciosos, y esperando, esperando, al final se fueron ellos solos escaleras arriba. Como me olía yo que seguro se quedaban sentados en la escalera en el piso de arriba, les sigo, pero me les encuentro sentados en las sillas que tenemos repartidas en los pisos del hotel en los descansillos, a modo de decoración (y sí, la gente se puede sentar en ellas, pero en horario diurno, que esas siguen no siendo horas). Al momento, veo salir de una habitación cercana al tercero en discordia (el que se fue a la habitación nada más llegar), cerveza en mano. Entonces se levantan y bajan al hall, de nuevo. Al pasar por mi lado, uno de ellos me dice "No hace falta que nos siga, que nos vamos a quedar abajo haciendo tiempo, payaso", y al rato le oigo que dice a sus compañeros algo así como "menudo gilipollas". "¿Payaso y gilipollas? Pues ahora te vas a enterar", y llamé al de seguridad, que acababa de terminar su turno y estaba llegando a su casa. Llega, le cuento lo sucedido y va a hablar con estos chavales (porque eran chavales, de unos treinta). Viendo que no había manera de echarles, finalmente se les dejó quedarse (ya eran las siete de la mañana) pero que no hicieran ruido. El compañero se fue poco después (tenía que llevar a su mujer al trabajo) y yo tuve que aguantarles media hora más hasta que llegara el relevo. Para hacer tiempo me preguntan por el SPA (les doy toda la información correspondiente), y me piden que si les puedo abrir el SPA. "El SPA hoy abre a las 10" "¿Y si te pagamos? El dinero no es problema" Uy, caballero, veo que cojea un poco... "No nos dejas ir a la piscina, no nos hables el SPA... Muy mal, ¿eh?" Sí, muy mal, soy el mismo diablo. Luego le oigo comentar a sus compañeros algo así que si él tuviera un hotel, dejaría a los clientes que hicieran lo que quisieran. Pues raro va a ser el día que no te pidan una hoja de reclamaciones, chaval.

Poco antes de las ocho llega la compañera. Yo la pongo al día, como si los otros no estuvieran, y cuando al fin dan las ocho y se van a desayunar, le cuento tranquilamente todo lo sucedido.

En definitiva, entre el comentario que hizo de que "todo el mundo tiene un precio" y que cuando llegaron los periódicos, abrió La Razón y comentó la noticia de la senyera en el Camp Nou, el hombre cojeaba tanto que parecía que pisaba agujeros en el suelo. Vosotros me entendéis, ¿verdad?

HABER ELEGIDO MUERTE

Que a los jóvenes de hoy en día nos quiten internet casi significaría la muerte, pero en el caso del trabajo es eso mismo. Desde hace varios años, internet ha sido la gran revelación de la ciencia, y ya todo, o casi todo, se hace con o por internet. Incluido en el trabajo, los hoteles trabajamos con programas por internet, hasta que llegas a tu puesto de trabajo y te dicen que Internet ha caído. Que no puedes hacer nada durante las siguientes ocho horas. Por suerte, en el hotel se consiguió conectar el ordenador de la recepción con el servidor con un cable... de dos pisos de altura (el servidor lo tenemos en el piso inferior al de la recepción). Por tanto, sólo había UN ordenador que tuviera internet en todo el hotel. Tranquilos, que el WIFI sí que funcionaba bien. Lo único, ya que nuestra impresora tampoco funcionaba. Así que me las tuve que ingeniar para poder sacar todos los informes y archivos que saco todas las noches. Lo hice todo como si nada, y, al acabar, guardé todo en un USB y me conecté a otro ordenador cuya impresora sí funcionaba. Y ya.

¿Y las facturas? Bueno, gracias a Dios que, aunque fin de semana, no había mucho, así que saqué copia de facturas y las guardé en sus casilleros correspondiente, por lo que la compañera del turno siguiente tan sólo tendría que añadir los cargos que creara el cliente antes de su salida. A mano. En el papel.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

19/09/2012

Nuestro hotel tiene contratadas o pactadas una serie de habitaciones con varias agencias para vender, como todos los hoteles. Además, algunas de ellas se enmarcan en unos paquetes u ofertas concretos. En una de estas agencias, nuestras habitaciones se venden en varios paquetes, la mayoría incluyendo el SPA. En estos casos, siempre aparecen los horarios del SPA para que el cliente pueda ver cuándo puede o no usarlo. Cuando nos llega una de estas reservas, después de introducirla en el sistema de reservas, la pasamos a nuestros compañeros del SPA, que toman nota y se ponen en contacto con el cliente para hacer la reserva.

Una clienta reservó habitación de este último modo. Cuando llegan al hotel a hacer el check-in (la entrada), la compañera que les atiende les pregunta sobre la reserva en el SPA, si nuestros compañeros les llamaron para concertar la cita.

- Pues a mí no me ha llamado nadie.

- Pues es raro, porque siempre llaman al cliente.

- Yo, que he dado todos mis datos, mi teléfono, mi mail, y no nos ha contestado nadie,- responde el marido.

- Bueno, dejénme que llame al SPA a ver si es que se les pasó o algo.

La compañera llama al SPA y pregunta al compañero que estaba en ese momento. Que sí, que le llamaron pero nadie respondió. Como el hombre dijo que nadie les llamó, le preguntó a qué teléfono llamaron (pensando que les habría bailado algún número o algo). Y que sí, que habían llamado varias veces, pero nadie contestó.

- Ese es mi teléfono,- responde la mujer.

- ¿Y no vio que tenía llamadas perdidas del hotel?

- Yo sólo vi UNA llamada perdida, pero como no indentifiqué el número, no llamé.

TÓCATE LOS PIES!!!

Pero aquí no acaba la cosa, porque luego responde el marido, enfadado.... A SU MUJER:

- ¿Y cómo no llamaste luego?

Pero, vamos, que estaban empecinados en echarnos la culpa a nosotros. (Empecinados. Me encanta esa palabra. Es tan.... pornográfica).